domingo, 23 de noviembre de 2008

“Discursos a la nación alemana” de J.G Fichte (1762-1814) Discurso III, y mi respuesta.

Las invasiones napoleónicas fueron una coyuntura fértil para la exacerbación de este sentimiento nacionalista, como una reacción defensiva, que buscaba evitar una fusión con pueblos invasores. La afirmación del pangermanismo ( alborotado por las invasiones en Prusia) y que viene desde los pulmones de un intelectual como Fichte llamando a la firmeza de la voluntad, es una buena combinación para lograr que los alemanes se levantasen en armas frente a los franceses. Su visión exclusivista es también una fuente de confianza para los alemanes, quienes se sentirían (como ya nos ha repetido la historia), un pueblo prodigio y excepcional.
Fichte desarrolla de esta manera un consecuente razonamiento que llama a la acción mediante la identificación y evidencia de un virus, para el que parece tener la cura. No está llamando en estos textos al coraje ni al sentimiento, así como tampoco a las “masas vulgares”; su propuesta rebosa, cultura e intelectualidad como pilares básicos para comprender y acompañar al autor en su recorrido.
Los problemas:
El egoísmo: Para Fichte, la pérdida de la independencia política alemana reside en el egoísmo. Por esto se refiere a la prioridad de los intereses individuales por encima del bien supremo; el egoísmo se habría apoderado de los gobernantes, que en su vanidad, olvidaban la preeminencia de la raza germánica como una unidad.
La pasividad: Denuncia la cobardía de los alemanes al no querer enfrentar al mal. Lo que quiere es esclarecer la mala condición en que el pueblo germánico se encuentra, para llamar a la acción por “fuerzas propias”. Llama al hombre viril dispuesto a comprender y a solucionar.
La educación antigua: La presenta como ineficiente y equívoca, fallida en estimular moralmente a los discípulos. El error para Fichte se encuentra en creer que la educación debe ser moldeadora, pero no constitutiva. La describe débil, fuera de vigencia y eficacia para los cometidos del “alemanismo”.

Las soluciones:
El hombre nuevo: Fichte quiere mejorar al hombre a su juicio. Considera que el egoísmo es precisamente “malo”, por lo que esta raza mejorada debe superarse y alcanzar el amor al bien por el bien, pero principalmente, jamás querer otra cosa más que “el bien”.
La educación nacional alemana: la finalidad de ésta educación es recuperar el espíritu germánico, erradicar el egoísmo de una forma particular: suprimiendo la libertad de la voluntad. Expone una concepción antropogénica, que necesita de determinadas condiciones para llevarse a cabo; el estudiante debería ser extraído de su núcleo y comunidad, de manera que no tenga contacto con ningún tipo de juicio egoísta.
Debe excitarse la intelectualidad del discípulo, mientras se le inculca la “racionalidad” de determinados valores e ideales. La educación funcionaría de forma que esos ideales fuesen los obvios, los únicos concebibles, doblegando de esta manera a toda desviación posible.


Respuesta al autor

No son pocas las oportunidades en que me encontré en un brete por mi reacción colérica ante los comportamientos que llamo “sectarios” (exclusivistas). Éstos se disfrazan de pueblos, de naciones y de culturas milenarias para esconder o no un complejo de superioridad que degrada a la condición humana.
Fichte me pone nerviosa, se me hace una distorsión lamentablemente real de “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Puede decírseme que el contexto en que el autor escribió tales afirmaciones es un factor influyente para el pensamiento nacionalista y adoctrinador que desarrolla, pero me niego a excusar su visión paternalista, elitista y falsamente disciplinaria, dado que considero que el hombre no está determinado por la situación que le rodea.
Comenzando por la idea de la educación que Fichte propone, salta a la vista que si afirma que la motivación moral de los alumnos confiere la imperfección educativa del sistema vigente en ese momento, no se puede eliminar la libertad de la voluntad para corregir dicho sistema. La voluntad y la libertad están de la mano, siendo que, en mi opinión, la segunda confiere un “mandamiento” de la primera. Lo que debo y quiero hacer están ampliamente relacionados, pero aún así fragmentados a merced de cada individuo que se ha de respetar como un paradigma. El nacionalismo tiene la hermosa ventaja de unificar grupos, pero en su extremo, porta la aberrante amenaza de querer fundir “ejemplares” en uno solo.
El respeto a la nación germánica debería ser para cada persona en particular, siendo que de otra manera estoy buscando no más que “ceros” adiestrados para responder a una orden. Tal como un can o una máquina.
¿Acaso Fichte no debería pensar en que en la medida en que él “educa” a sus discípulos con todos esos intereses que él considera “buenos”, está depositando sus propios intereses? ¿El bien supremo del pueblo germánico sólo debe valerse de levantarse en armas frente a los franceses?

Ésta forma de adiestrar mentes jóvenes me parece perversa y arrogante, ya que el mismo Fichte no puede tener idea de los contenidos que los alumnos deben recibir, más que aquellos que continúen exacerbando la acotada idea de que el alemán es superior e inexorable de determinados derechos que el mundo le confiere, beneficiando al autor y sus semejantes, multiplicando una idea falaz.

Libertad

Luego de leer algunos autores, y mediante la confrontación o complementación de ellos, he intentado generar una síntesis lo más acertada posible (a mi parecer) acerca de la libertad. En esta instancia, trabajaré principalmente sobre Isaiah Berlin en contrapunto con J.G. Fichte, e intentaré integrar algunos elementos de la “Teoría de la justicia” de John Rawls a la libertad como la concibe el primero.

Si bien he logrado un aprendizaje de toda esta lectura, he también encontrado ideas ampliamente discordes a las mías, las cuales me parecen igualmente valiosas, y por esto encuentro importante exponerlas aquí.

Isaiah Berlin hace una diferenciación muy clara entre dos tipos de libertad: la idea de

libertad positiva y libertad negativa. La libertad en su sentido positivo nos habla del margen de posibilidad que yo tengo de autodeterminarme y decidir según esto, lo que quiero hacer. Es decir, dentro de mis posibilidades (no soy menos libre si por ejemplo, no puedo volar sin alas), yo soy libre de ser y hacer lo que deseo, como de tener mis propios fines, que no estén condicionados por los fines de otro, los cuales intentaré conseguir por medio de mi voluntad (si la distancia que separa a la voluntad de la acción es una norma externa que prohíbe la concreción de aquel fin, es otro tema que nombraré a continuación).

El siguiente sentido de la idea de libertad es la libertad negativa. Entendemos por esta al espacio que yo tengo para hacer algo sin que otra persona, norma o institución interfiera. La intervención de un agente externo sobre lo que yo deseo hacer posee además un límite, el cual yo acepto, detrás del cual no habría pérdida de libertad.

Ahora bien, ¿cuál es la idea de libertad defendida por Fichte en el número III de sus “Discursos a la nación alemana?”. El filósofo alemán expone una propuesta de transmutación de la educación antigua (a la cual cataloga como débil, ineficiente) en pro de conseguir mediante este cambio (de la educación de los antiguos a la “educación nacional alemana”), hombres viriles absolutamente desprovistos de egoísmo y rebosantes de espíritu germánico cuya voluntad esté enteramente condicionada para funcionar de acuerdo a tal fin mayor: el del alemanismo. En este caso, dónde las libertades individuales parecen connotar un pecado (egoísmo), el filósofo se presenta como un iluminado que sabe mejor que los hombres, lo que es bueno para ellos. Esto es llamado paternalismo. Además, podemos dilucidar la concepción que Fichte tiene del hombre, que no parece ser un fin en sí mismo, sino tan sólo un medio para un fin supremo, comunitario, lo que paradójicamente se asemeja mucho a lo que dice Benjamín Constant acerca de la libertad de los Antiguos [1] (abandonar la educación antigua para adoptar la libertad antigua es en mi opinión un sinsentido).

Ahora bien, la educación nacional alemana que Fichte propone, dedicada a determinar la voluntad de los individuos, constituirlos y no moldearlos, es una entera pérdida de mi libertad positiva, por lo cual considero que es esencialmente mala. El individuo cede toda autonomía para convertirse en heterónomo, es decir, meramente regulado por factores externos, a lo que Berlin responde (y en mi opinión, con mucha razón) que “lanzarles hacia fines que el reformador social ve (…) es negar su esencia humana, tratarlos como objetos sin voluntad propia y, por tanto, degradarlos”.

La situación se vuelve un poco más compleja cuando Berlin ilumina la muy conocida diferenciación que vive dentro de los hombres: el “yo superior” (el que actúa meramente mediante la razón) y el “yo inferior” (corrompido por deseos irracionales, pasiones, miedos). Es aquí dónde Fichte se apoyaría, para decirnos que el “yo inferior” de los alemanes los ha dirigido por el camino del egoísmo, mientras que el “yo superior” (inicialmente adormecido) debe ser estimulado, avivado mediante la educación alemana. Los hombres serían inconcientes de su condición dominada por la irracionalidad, por lo que luego darían cuenta del beneficio que la educación de Fichte les habría otorgado. Es decir, el “yo superior” de Fichte quiere imponerse sobre el “yo inferior” de los hombres, y además también sobre el “yo superior” de los mismos, ya que quiere coartar la libertad de la voluntad. Esto significa que aún mediante la razón, sólo podrán querer lo que Fichte quiera que quieran. Con todo este laberinto de palabras quiero decir sólo una cosa: Fichte considera que su voluntad debe ser la de todos, y se siente en derecho de controlar a todos los “yos”, por lo que concluyo que el efecto retroactivo de esta actitud es evidente. El egoísmo en Fichte no es erradicado, sino que tan sólo aumenta en escala; mediante la pérdida de libertad positiva, los hombres ya no son hombres (ni más ni menos egoístas), sino instrumentos para los fines de Fichte. El “yo inferior” de este filósofo se disfraza de “superior”, calumniando el valor humano.

Habiendo formulado este razonamiento, en el que la razón de un individuo no puede ser impuesta sobre otro sin antes haber educado a la voluntad en el arte de elegir por y según uno mismo, creo que puedo concluir en la importancia de la educación como el instrumento que sirve para aprender a discernir. Esto es, de acuerdo a Berlin combatir la ignorancia[2] y fomentar el ser auténticos a la naturaleza individual de cada uno, sin querer constituirlos, alcanzando el máximo de libertad positiva posible.

Considero que el instinto de poder de los hombres es ineludible, por lo que creo que la libertad negativa juega un importante papel. De no existir leyes, nos encontraríamos en una constante historia de sometidos y sometedores, por lo cual la coerción, la intervención de autoridades en algunas actividades de los hombres estaría garantizando la manutención de las libertades individuales. El problema se encuentra en saber hasta dónde esta intervención está bien. ¿Cómo podríamos decidir la colocación de este límite de la forma más acertada posible? Pues en mi opinión, John Rawls nos ofrece un aporte interesante.

En su “Teoría de la justicia”, Rawls presenta el concepto de “la posición original” como una herramienta para decidir ciertos valores básicos de justicia, dónde los hombres estarían bajo un velo de ignorancia (esto es, no conocer su situación económica, social, estar desprovistos de toda información particular[3]) el cual solamente incluye la noción de justicia. Creo que de todas formas, la noción de justicia no puede ser la única, sino también un conocimiento histórico y de los valores contemporáneos han de estar incluidos. De esta manera (en mi opinión), se elimina el egoísmo de Fichte, así como la repercusión de mi “yo inferior” sobre las decisiones que se tomen, y se podrá establecer un colchón de garantías básicas para todos, que consideremos justas, definiendo la cuota de libertad negativa que todos los individuos tendrán por igual. Esto incluye, por ejemplo, la necesidad de la intervención del estado en garantizar educación y una supervivencia digna (comida, techo, salud) para todos. Solamente a partir de esta instancia, y mediante la concepción de justicia, se puede recortar la libertad negativa, estableciendo un límite entre lo necesario y lo contingente (el estado sólo podría intervenir en pro de lo necesario).

Sin haber encontrado ninguna gran verdad, creo que el recorrido que he hecho me ha librado de una gran cuota de ignorancia acerca de la relación entre las leyes, la naturaleza humana y la educación en cuanto a la libertad. Siendo que mi respeto a la vida es una premisa, considero que la suma de libertades individuales conforman la libertad de la comunidad. Parte de respetar la vida es respetarla en todas sus variedades, no pelear por la igualdd, sino por la justicia, que nos hace a todos más libres. Partiendo desde este lugar básico, no hay más nada que hacer; las personas son libres también de ser presas por sí mismas.



[1] Si bien no creo que las libertades individuales sean tan claramente consecuencia del comercio, es evidente que la libertad de los modernos ha evolucionado hacia la valoración del individuo. Constant afirma que los antiguos “creyeron que todo debía ceder en presencia de la voluntad colectiva, y que todas las restricciones individuales serían ampliamente compensadas por la participación en el poder social.”

[2] “El conocimiento libera, no sólo dándonos más posibilidades entre las cuales podamos elegir, sino preservándonos de intentar lo imposible.”

[3] “Debemos asegurar, además, que las inclinaciones y aspiraciones particulares, así como las concepciones que tienen las personas sobre su bien no afecten los principios adoptados” J. Rawls “Teorías de la justicia”, pág 36

martes, 2 de septiembre de 2008

Despertar

Una serie de señales escondidas en mi acotada percepción cronológica se hacen evidentes y cobran sentido. El miedo a una psicosis seria intenta encerrarme, pero es más grande aún. Mis pensamientos desesperan por convertirse en lenguaje, no pienso en palabras o enunciados, no siento en segundos, soy momentos y revelación.

La lechuza dorada de Atenea que se me acercó en sueños toma vida, cobra vida como el símbolo más importante de mi existencia, el sentido de ella, el despertar de mi esencia.

Siento la obligación de comunicar, porque por alguna razón elegí mi carrera, luego de pasar por el más profundo de los infiernos para mi psiquis inmadura, de arribar a las conclusiones erradas, de escribir con poca sustancia.

Hay un cambio radical en la percepción, y este nuevo paradigma se acota mientras intento ponerlo en el mundo del léxico. El lenguaje va a cambiar para adaptarse a este despertar supremo.

Confundido plenamente con inspiración, nervios u otras sensaciones absolutamente terrenales, mi cuerpo comenzó a cambiar en su metabolismo hace ya cuatro semanas, y comencé a enunciar que “hay algo que debo destruir” hace un poco más de tiempo atrás. Creí que sería alguna vertiente dadaísta, algún otro entrevero cultural mezclado con mis circunstancias, pero eso creció. Es ahora demasiado grande, pero abarcable, y mientras escribo descubro la cordura, comprendo, veo. La medida cronológica del tiempo se ha esfumado, y para hacerlo más gráfico, siento que cambié el lente de mi cámara de un 50 mm a un gran angular.

Anoche tuve un momento sagrado, alguien me despertó, mientras ese momento se desarrollaba, tenía miedo de perderlo, de que fuese sólo un instante de despersonalización y elevación del bien y del mal, de toda estructura racional, un instante superior, único e irrepetible, pero hoy no puedo salir de allí. El cambio llegó, el cambio de paradigma, el despertar, la finalización de una era. Necesito despertar a los muertos.

lunes, 4 de febrero de 2008

Condicionada al reflejo


Mis lentes escondidos detrás del espejo. No son plausibles, dirían mis ojos asquerosamente carnales, pero aquella entidad que se incorpora cada tanto tiempo, los encontró.

Reposan finalmente en su caballete, descansan allí; y yo, mediocre y falaz, sólo percibo el cosquilleo en la nuca, el olor de repente intenso, el tiempo sustancialmente barroco, las onomatopeyas irrelevantes de un teclado común.

El espejo se desmaterializa, y es entonces cuando entiendo que lo que quiero ver está dentro de mi misma percepción… es la percepción en sí. Aquí integro mi disociación:

La que escribe quiere contarle a la que siente, cómo manejar tremenda facultad.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Conflicto "humano, demasiado humano"

Frustración de escribir ahora.

(Que me ayudes amigo…)

Me encontré cansada de escribir tanto para tan pocos. Me pregunté si no debía callar, como bien aconseja Zaratustra; la frustración de estar hecha para otros oídos me cunde en pánico irascible. ¡Han fracturado mi calma, estos deshechos de conducta mundana!, y si bien lo ha logrado, recuperaré pronto la mesura.
Me dio un compañero la palabra de esperanza y altura, rogué no estar equivocada.

Me contó que era aquello para todos, más que la ansiedad no me ganara, sería irremediable para él la activación espontánea del sentido de la vida. Hete aquí mi miedo: ¿sería mi compañero tan caritativo que ofrendaba sin arrogancia el saber al hombre idiota? Ese sí que se amaba, y que amaba las esencias…como el olfato se acerca a la flor, mas esta última nunca tendrá olfato.

Él quiere convencerlo, esperarlo, le estrecha su mano y le invita…más nadie dará pan a quien no tiene dientes, porque ha nacido de un destino sin ellos.

Qué suerte de desesperanza, el vacío en palabras lindas, palabras grandes, portadoras de magia, imperceptibles para el pobre hombre… que se levanten, ¡que se levanten! Que hagan mentiras de mi intuición. Te pido mi ayuda, compañero calmo, ¡libérame de esa desconfianza!.

Me miro en un espejo pasado y los veo, hablando de paz, de amor, de respeto y prioridades, de sólo pensar cuánto me odié inmersa en vanidades e ideales imposibles para mi estado, les odio también a ellos, me dan vergonzosa pena, pero ayúdame a tender esa mano….¿van a elevarse? Van a elevarse…. ¡van a elevarse!.

Confío en ti, como en mí misma, entonces prendo músicas y me desprendo, de esta instancia agonística, me pierdo, me hago humo… ¿estaré buscando engañar la conciencia? ¿No es acaso de la mano del sonido armónico que los hombres callan? ¡Que no tengo que escucharlos!, sus esencias bailan, reaccionan como cobras a la dulzura del encantamiento en el pentagrama…más no por eso remueven el veneno de sus colmillos.

Sus esencias reaccionan al decoro de los otros, se acoplan y danzan iguales, y no saben lo que hacen… ¡ay qué estado casi puro!… más por algo están entre luces y sombras; mitad claro, mitad oscuro, hasta retirarse a sus moradas, melancólicos y sufridos de no lograr contener al sonido… aquel que si alguien posee, lo detiene, lo atrapa, boicotea su misma existencia, su movimiento, no le logrará atrapar para sí, tan sólo puede acariciar su etéreo rumbo en puntas de pie.

Es la música una de las pocas cosas que el hombre nunca podrá poseer, porque no penetra por el simple sentido auditivo, penetra como intruso hermoso a maravillar directo al alma. Que la encuentren, amigo de esta alma mía, me deseo la suerte de que me convenzas, con tu plácida retórica sincera…que abras sintonías con tus artes, ¡que les resucites el verdadero sentido!

Síntesis del conflicto:

Obtuve la ayuda. El retorno al respeto de todas las tintas, texturas y colores de cada esencia. La disparidad de “batallas” diría el amigo al que se la rogué.
Ahora sólo les deseo el encuentro, la identificación de cada batalla propia e individual. Mas mientras tanto… aún quiero retirarme al exilio, a degustar la mía propia, a no escucharlos todavía.

Gracias, me curaste del odio. Ahora puedo volver a escribir.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Musa del Romanticismo


Te asomaste, escaladora, ave del mil ochocientos

Escondida entre uñas negras, haces rabia inspiradora

Musgo artero, en rocas tristes de viento

Las haces hermosas y eternas, lo que la naturaleza adora.

¿Quién te implora, insípido, arruinado,

Le acompañes las agujas para un texto más florido?

¿Qué no has dicho, en tantas miles, ilustres páginas de ruido,

Tanto más ruin, tanto más a tu lado?

¡Que me des alma, eso te pido!

Que me sirvas ego y noches turbias

¡Reciclá el recelo, el pasado frío!

Que me desarmes si estoy a oscuras.

Mas tranquila no descanso, tranquila he sido muerta

Quiero miedo, cínicos quiero los engaños,

Revolcada en apatía, arribando hasta la puerta

De lo inútil, lo improbable, lo que añoran quitar los años.

Salta un ritmo impredecible, un autor desubicado

Y me hago súbdita irascible, de otro objeto mal logrado

¡Que te enturbies, que te agites!

Es divina mi tristeza

¡no sonrías al suscite!

¡sombrío arte en todos lados!

viernes, 19 de octubre de 2007

viernes, 5 de octubre de 2007

Comentario.-

Por supuesto, tantos que conozco caen en el facilismo de decir:

"Yo no vine a este mundo a enmendar errores de otras vidas... vine a enmendar los de mis padres."

Hacerse responsable de uno mismo es una necesidad inmanente. Ni otras vidas, ni las ganas de tocar a mamá o a papá...
¡Sólo podremos liberarnos de nosotros mismos cuando veamos que somos la causa de tal esclavitud!

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Camino a casa


Me voy a casa. Me pasa pocas veces, pero me equivoqué de parada y me quedan un par de cuadras hasta ahí. Posta, nunca me pasa...igual en el centro siempre surgen cosas. No se, cuando apenas me decidí por estudiar publicidad, saqué las mejores ideas mientras caminaba por 18, anotando en la libretita de la conferencia de la cámara de anunciantes. Pero no se si eran tan buenas ideas. Quizás el apuro metropolitano hace parecer todo colgadísimo. Nunca me senté a pensar esos bocetos...¡ja! ¡Qué coherente!...consecuente...correspondiente...adecuado. Me gustan los sinónimos. Las palabras pomposas. Te hacen sonar inteligente...¡alguno se la cree!

¿Será hoy? Interrogante recurrente sobre el nacimiento de una genialidad ¡ja!, me puse pomposita...qué bien, me encanta. No, en serio, me tiene enferma. Seguro que harto porcentaje de genios se iluminaron mientras caminaban entre gente distraída, iban colgados, mirando todo desde afuera...no, no, desde adentro...entendiendo de repente con un nuevo paradigma que; sin siquiera saberlo; iba a cambiar el mundo. Entre términos complicados y casualidades de la vida...algo como: “fui a comprar pan, y entonces comprendí”. Puntos suspensivos, seguido de un título magnífico, das vuelta la página y ahí está... el primer capítulo de algo ilustre. No se de qué. Algo. Pero da para conferencias alrededor del mundo, un Nobel y todo eso.
Pa, seguro que se da así. En la boba. De repente, en un momento irrelevante para que te caiga la ficha. Y después vos te hacés un poco la boluda. Cuando ya te dieron pelota hay que apurarse a aprender de humildad. No al revés. Hay que ser ambicioso, un poco demente para salir con algo nuevo. Cuando lo reconoce la vida pública, chau, sos Cobain. Bucito de lana bien rotoso, zapatillas viejas, lentes pegados con cinta adhesiva y listo. Te convertiste en la sensación que todo el mundo quiere cuidar. El hijo pródigo del mundo intelectual.
Seguro que los genios tienen manías. Dejos de personalidades obsesivo-compulsivas. Yo no piso las líneas del piso mientras camino. Mmmmmm... qué cacofonía. Si tuviera que escribirlo en mi libro tendría que buscar un sinónimo, decirlo mejor: “Al encuentro de un camino estampado de líneas, me remito religiosamente a a dar paso en espacios en blanco” ¡ja, ja! Si mi libro se hace famoso, van a analizar esa frase hasta el cansancio. Dirán que hablaba de mi filosofía, “de intachable reputación innovadora”... espacios en blanco, en un mundo post moderno, donde “la autora encontró tierra fértil para una profunda reflexión”. Pa, que fantasma. ¿Los genios son fantasmas? Cualquiera, estoy pensando cualquiera...
... ¿Y si después de pensar esto me doy cuenta? ¡¿Y si ésta es mi hipótesis?! Algo como: “Las genialidades surgen de un estado de conciencia en el que la atención está afectada por un contexto ruidoso, que obliga al pensamiento a elevarse del subconsciente, revelando posibles innovaciones para el estado conciente”. No se...la psicología está trillada, y ni ahí la tengo clara... quizás: “ La entropía de un sistema es la responsable de la formación de nuevos compuestos. El desorden es la causa de la creación”. Naaa..., Stephen Hawkins va a venir a romperme el orto. No es fácil. Quizás tendría que inventar una disciplina nueva. O una nueva ola filosófica. Un libro de 500 páginas, lleno de palabras como “pragmática”, “arte”, “método”, “maldad” y “depuración”. Cómo se unen no se. ¡No voy a pensarlo ahora!... aunque seguramente termine como siempre, con un texto de 20 en lugar de 500.
Se me acaba el tiempo... unas cuadras de plazo...y mis ideas aún conforman heterogéneos vapores de nube, se vuelven a esfumar.
No quiero sacar las llaves...
Bué, ya estoy acá... me sentaré a mirar la tele...otro día será.

Erección


RING, otro día más.





Me desperté hoy como siempre, con los ojos pegados, el pelo hecho un nido de pájaros y sin saber bien la razón por la cual debería de obedecer ese maldito enemigo. Lo miré entonces, en la rendija que permitía la vista entre mis párpados pesados y llenos de pereza, y todavía borroso, pudo causar rabia en mi estado casi nulo de vigilia. Más que rabia, deberiá decir odio, asco, aborrecimiento, rencor...no me alcanzan los términos para decirlo realmente. Cerré otra vez mis ojos, con la esperanza de que mis oidos me estuviesen engañando, y no estuviese asi ante la obligacion de golpearlo sin piedad. Paz, paz, me lo dijo la escuela...no debo odiar...
Pero ahi, tan tranquilo, como si no pasara nada...como si las pocas horas de sueño que pude conciliar fuesen burladas por su presencia que no variaba en lo más mínimo...jamás. Mi cara de enfermedad mental, totalmente ignorada por la rigidez de su actitud.¡ Siete de la mañana, imbécil!¿Acaso no te enseñaron de la necesidad del descanso para un correcto rendimiento?
Seguramente no...ya que me miras sonriente mientras trato de mover mis brazos adormecidos, para sacarme esta porquería que mis ojos segregaron otra vez. Que repugnancia; la señal de un sueño deficiente...por exceso o por defecto, da igual.
Tal ves si por 5 minutos pudieses callarte...y dejarme caer en el vacío de pensamientos irracionales que me quitan de la realidad...¡como pesa mi cráneo acomodado cómodamente en esta almohada! Descanso, si me lo permites, por sólo un poco más...no hará la diferencia. La calidez de mi tumba, y la tranquilidad cuando yazco en ella no será interrumpida por un simple ocupador de espacio como tu.
¡¿no vas a callarte?! Deberé de golpearte entonces, con el máximo esfuerzo por levantar esta mano moribunda, hasta que la dureza y habilidad de mi golpe seco en tu superficie, te quite esa estúpida idea de que voy a someterme ante tu voluntad.
No eres tan suspicaz ahora, no? Perdido en tu silencio, intentando volver a perturbarme...pero las funciones de tu anatomía ya entendieron, que no soy la persona con la que te quieres meter.
Y muero, aqui adentro...ahhh, dulce infierno de la evasión natural.
Pero queda en mi conciencia, latente, la idea de que me quisiste sacar de aqui, arrastrarme otra vez en ese mundo irrelevante, incoherente, desorganizado, caótico, no!!
Maldita sea tu voluntad, tu envidia por mi paz, ¡¡¿por que?!! por qué tuviste que experimentar esa sensación tan dañina, acaso no sabés que mi vida es un desastre?, tan imprescindible es la acción de lastimarme más aún, cuando encuentro la tranquilidad de escapar perdida entre mis sábanas tibias?.
No ves que la gente que me rodea me obliga indirectamente a yacer aqui, moribunda? Que me juzgan, me aman, me odian, me adoran, me tienen asco, me envidian, se rien en mi cara, me cuidan, me matan, me hacen sentir, realmente sentir, el sabor ácido de la locura???????? Es a eso a lo que me quisiste llevar? Valga la redundancia...¡¿por qué?! ¿Será que en alguna oportunidad te hice tanto daño que debo ahora recuperar la claridad de mi karma dejando que me aniquiles?
Asesino...me rindo...siempre lo mismo contigo...pero como todo, ya pasó.
No podría volver a dormir ahora, el timbre que sale de ti ya me quitó el sueño que venía teniendo. Y sabés qué?, soñaba que volaba...y tuve que bajar.
Como lo odio, lo odio...ODIO AL DESPERTADOR.


Son estos pensamientos de rencor a la vida de rutina los que arruinan las mentes contemporáneas. La obligación de hacer lo que no queremos hacer nos va alimentando, y genera de a poco un rechazo a todo lo establecido.
No puedo dormir hasta tarde, pero no puedo dormirme temprano. Tengo sueño y los ojos no se me cierran...tengo ganas de terminar de ver la película y me duermo por la mitad.
Es una sucesion de hechos que le quitan la transigencia a mi personalidad. Y termino siendo como los intolerantes a los que critico: irritada porque si.
Pero no quiero entrar en detalles en todo...son algunas cosas las que pueden servir para enriquecer la desprolijidad y falta de elocuencia en mis escrituras. No son todas.